La formación y la capacitación han surgido en la época contemporánea, como una respuesta a la necesidad cada vez más frecuente de, por un lado, desarrollar habilidades y competencias en los colaboradores al seno de las organizaciones; y por el otro, el anhelo legítimo de crecer en el campo del desarrollo humano.

En un sentido más figurativo, formar es preparar intelectualmente o enseñar a una persona o grupo de personas. Pero cuando hablamos de transformar, tiene un sentido más profundo.

Del latín transformare, etimológicamente el sufijo trans alude a “cambiar de” “De un lado para otro” y la palabra formar, significa “forma”

Poder cambiar algo ya sea por un factor externo o poder hacerlo por sí mismo. Es cambio, es mutación y procurar ir hacia un lado deseado.

De ahí la importancia de quién forma. En mi experiencia, he llegado a comprobar que la formación y la capacitación, según sea el caso, va más allá de tomar un material escrito, leerlo y exponerlo ante un grupo de personas determinadas, con la finalidad que “absorban” dicho contenido.

Es hasta cierto punto un arte, es amar lo que se hace, pero con un desarrollo de habilidades, perfiles y dominio de técnicas de animación grupal y metodológicas, que dinamizan el proceso de enseñanza y aprendizaje, haciendo de dicha experiencia, una oportunidad de impacto, cuestionamiento, adquisición de conocimientos, aprovechamiento de las cualidades de los participantes…etc.

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Existen personas muy versadas en temas puntuales y con respaldos académicos que lo acreditan, pero que no se sienten capaces por una parte, de enseñar dichos conocimientos, y por la otra, carecen de técnicas metodológicas que permitan sentirse seguros de exponer lo que saben.

 

Por otra parte, desde una visión más holística, la formación en desarrollo humano sugiere un proceso de transformación y evolución del formador; la oportunidad de enseñar lo aprendido pero además, de reproducir lo vivido.

Esa lógica permite entender que, necesariamente la persona que opte por la actividad de formar y/o capacitar, experimente un proceso de cambio individual, a nivel interno y con hechos visibles y que, a partir de esa vivencia, comprenda su capacidad de acompañar procesos de formación en otras personas, para la adquisición de conocimientos nuevos en ellos, pero también, la oportunidad de generar cuestionamientos que deriven en cambios y transformaciones de vida, siendo así consecuente con un posible objetivo o sistema mayor: Los cambios sociales.

 “Una muñeca de sal recorrió miles de kilómetros de tierra firme, hasta que, por fin, llegó al mar. Quedó fascinada por aquella móvil y extraña masa, totalmente distinta de cuanto había visto hasta entonces. «¿Quién eres tú?», le preguntó al mar la muñeca de sal. Con una sonrisa, el mar le respondió: «Entra y compruébalo tú misma». Y la muñeca se metió en el mar. Pero, a medida que se adentraba en él, iba disolviéndose, hasta que apenas quedó nada de ella. Antes de que se disolviera el último pedazo, la muñeca exclamó asombrada: «¡Ahora ya sé quién soy!»  El canto del pájaro, Anthony de Mello (1931-1987).

Te invito a que te sumerjas en el proceso de formar a formadores. Que descubras o fortalezcas las habilidades para comunicar e interactuar con grupos de personas que ansían aprender e interiorizar lo aprendido, produciendo cambios que deriven en acciones concretas, ya sea en el campo laboral, como en la vida misma.

Quizá y sólo quizá, descubras también un elemento muy poderoso de tu ser e identidad y que puedas ligar a un propósito de vida. Algo que parta de tu esencia, de lo más valioso que posees.

Es la fortaleza de quien forma. Sabe que su trabajo es una extensión de su yo, de su transformación individual.

Y ese yo… «puede ser equiparado a la muñeca de sal, se derrite en el Océano de Existencia-Consciencia-Felicidad Absoluta y se vuelve uno con Ello. No queda ni la menor traza de diferencia.» Sri Ramakrishna (1836-1886), místico bengalí.

En síntesis, formar a formadores es una actividad que se debe realizar profesionalmente, que impacte, cuestione, seduzca al público, superando las expectativas de quienes esperan dicha actividad. Con herramientas y metodologías creativas y diversas.

Pero además, es una invitación a crecer y trascender como persona, proyectando la vivencia personal.

Por Coach Edgar Marroquín

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